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viernes, 5 de octubre de 2012

Un año sin Steve Jobs

Steve JobsHoy es 5 de octubre de 2012. Hace exactamente un año me llegó un mensaje directo en Twitter:mira la web de Apple. Y vi lo que vimos todos, lo que ya en ese momento estaba corriendo como la pólvora por la red aquella madrugada de miércoles. Steve Jobs moría a los 56 años de edad. Se iba el genio...

Lo primero que hice fue descargarme la imagen que acaparó la portada de Apple durante dos semanas. El nombre del archivo fue t_hero.png (‘The hero’, ‘El héroe’). Twitter era un hervidero, una avalancha de mensajes informativos en un primer momento, y de comentarios compungidos a partir de la mañana siguiente, cuando muchos se enteraban de la noticia al revisar su timeline. Los medios se hacían eco de la noticia. Tecnópatas y tecnófobos, fanboys y personas que jamás habían visto una keynote, todos coincidían en el mensaje: moría una mente especial, diferente, cuya aportación tecnológica tardaríamos en dimensionar. Y todos aludían al mismo adjetivo: visionario.
No hay muchas personas en el mundo que puedan presumir de crear una empresa tan poderosa e influyente como Apple. Menos aún de hacerlo con poco más de veinte años, sin recursos, en un garaje y con un amigo que duraría toda su vida. Así empezó todo. Los dos Steves, Jobs y Wozniak, fabricando artesanalmente el mítico Apple I en el garaje del primero. Se les uniría Ronald Wayne como tercera voz para fundar de forma oficial Apple Computer. Era el 1 de abril de 1976. Seguramente ni el propio Jobs pudo imaginar un futuro tan brillante para la empresa.
El Macintosh de 1984, el iMac, el iPod, el iPhone y el iPad son quizás su más reconocida obra. Mac OS, iTunes, iOS y iCloud en segunda línea. En estos años hemos asistido a la sublimación de un ecosistema tecnológico que es justo lo que Steve quería que fuese. La conexión vital entre hardware y software, que nacen juntos en lugar de ser unidos a posteriori. Cuando sincronizamos nuestro iPhone con nuestra biblioteca de iTunes, o tenemos toda nuestra información de forma instantánea en todos nuestros dispositivos, estamos siendo partícipes de su legado. De la misma forma que tantos otros detalles que esconden detrás la obstinación de una mente perfeccionista hasta el extremo.
Una mente que visionó cientos de veces Toy Story antes de su lanzamiento para asegurarse de que cada fotograma era absolutamente perfecto. Que hizo construir el suelo de cada Apple Store del mundo con la piedra de la misma cantera de Florencia. Que mandaba repintar periódicamente el blanco nuclear de las paredes de la primera nave industrial en que se asentó. Que pasó meses sin lavadora en casa mientras decidía si era mejor una europea o una americana. Que ordenó que las pantallas de los MacBooks expuestos en sus tiendas estuvieran exactamente a 70º de inclinación. Porque esa, y no otra, era la perfecta para sugestionar a quien pasara por delante a que lo manejara para quedar maravillado de su diseño y su funcionamiento.
Un perfeccionista que, sin embargo, obvió varios oscuros dentro de lo que no dejaba de ser parte de Apple. Podría hablar de los fallos iniciales de MobileMe, del fracaso de Ping, o del antennagate del iPhone 4, por dar algunos ejemplos. Pero no. Se trata de algo más importante. Se trata de algo que conviene no dejar de tener presente. Hablo de las condiciones de trabajo en Foxconn, la ensambladora de todos los productos Apple, donde sus trabajadores pasan jornadas de diez, doce y hasta quince horas diarias, durmiendo en habitaciones diminutas compartidas y a cambio de salarios indignos. Detrás de cada uno de nuestros iPhone o iPad también está este abuso hacia seres humanos. Aunque no sólo de Apple. Toshiba, Nokia, Samsung, Acer o Dell, entre otros, también ensamblan sus productos en la gigantesca planta de Shenzhen. Y si cambiar de marca no sirve, de nosotros, sus consumidores finales, depende hacer llegar a la nuestra que no estamos de acuerdo con esas condiciones. No queda en vano, Tim Cook ya actuó al respecto.
Mantener la alerta crítica implica no perder la perspectiva de situaciones como la anterior, lo cual no impide ser conscientes de lo que hay más allá. El poso que dejó en Apple, y en el mundo de la tecnología en general, fue el de haberla cambiado para siempre. El de ser el premonitor que aún sin tener el apoyo de muchos en sus decisiones importantes, acabó imponiendo ciertas prácticas. Decisiones como la de dejar de montar la disquetera en el iMac, crear un iPod en el que hubiera espacio para 10000 canciones y cupiera en un bolsillo, fabricar un portátil tan fino como un sobre de oficina, diseñar un smartphone con un sólo botón sin saber ni siquiera cómo hacerlo, o crear una tablet con un sistema operativo móvil. Decisiones arriesgadas que sobre todo en un principio fueron objeto de desprestigio o incluso de burla (¿alguien más recuerda las carcajadas de Ballmer en 2007?), pero que el tiempo ha terminado por cargar de razón en su mayoría.
Steve se sabía especial desde su infancia. Es sabido por todos, basta con leer la biografía de Isacson: Steve era arrogante, manipulador y solía tener únicamente dos grados para determinar la realidad que le rodeaba. O era una mierda, o era genial. Pero además, Steve era un visionario, perfeccionista, y capaz de sacar lo mejor de dentro de su gente. No era un ser perfecto, no era un modelo vital, pero sí era alguien único de quien podían aprenderse tantas lecciones… Con esta misma idea a alguien se le ocurrió invitarlo a la ceremonia de graduación de Stanford en 2005. Debió pensar que algo bueno contagiaría su figura a los alumnos, lo que seguramente no creía es que aquel discurso pasaría a ser un pase obligatorio en todas las clases de oratoria, y que sería visto por tanta gente en sus casas. Y quizás, que sería tan sumamente inspirador. Que sería una de las mejores motivaciones para quienes le seguimos de cerca en vida.
La muerte de Jobs supuso un cambio de paradigma en la vida de muchos hace ahora exactamente un año. Para bien y para mal. Porque supone una mejora, y porque Jobs sólo hubo uno, y él mismo lo decía: Su tiempo es limitado, no lo malgasten intentando vivir la vida de otro. Un personaje tan revolucionario en vida, como tras fallecer. Alguien que hizo sentir una conexión a tantos que ni siquiera estuvimos jamás cerca de él. Carisma, anticipación, inteligencia, descaro. Gracias Steve por la brutal inspiración que nos dejaste.
Stay hungry. Stay foolish.
How many years must a mountain exist, before it is washed to
the sea
how many years can some people exist, before they’re allowed
to be free
how many times can a man turn his head, and pretend that he
just doesn’t see
the answer, my friend, is blowing in the wind
the answer is blowing in the wind.
Bob Dylan - Blowing in the Wind

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